POR HORUS
La política mexicana ya dejó atrás cualquier intento de guardar las formas. Lo que antes se disfrazaba de “movilización popular”, hoy prácticamente se anuncia con todas sus letras desde Palacio Nacional. La nueva ocurrencia de la presidente Claudia Sheinbaum Pardo no es solamente una concentración para celebrar dos años de gobierno; en los hechos, se ha convertido en una manifestación para defender a personajes de la 4T señalados por autoridades de Estados Unidos por presuntos vínculos con el crimen organizado.
Sí, aunque parezca caricatura política de mal gusto, Morena prepara algo muy parecido a una narcomarcha institucionalizada. Y no es una exageración. Fue la propia Sheinbaum quien en su conferencia mañanera dejó entrever que la movilización tiene un destinatario clarísimo: Estados Unidos. Porque según el discurso oficial, el gobierno norteamericano “quiere decirle a México qué hacer” al exhibir a funcionarios ligados al grupo político gobernante.
El problema es que Washington no señaló a cualquier militante de base. Los nombres que comenzaron a aparecer sacudieron directamente al corazón político de Morena en Sinaloa: el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza Cázarez y otros funcionarios cercanos al grupo dominante en aquella entidad. Peor aún: dos de los involucrados ya habrían cruzado la frontera para negociar y declarar como testigos protegidos. Es decir, mientras acá organizan mítines patrioteros, allá aparentemente ya comenzaron a cantar.
Y entonces apareció Chihuahua.
Porque en tierras norteñas ocurrió algo que llamó poderosamente la atención dentro y fuera de Morena. La convocatoria local de la famosa movilización no la encabezó la dirigente estatal Brigitte Granados, tampoco la operó Ariadna Montiel ni la estructura formal del partido. No. La voz cantante fue la senadora con licencia Andrea Chávez Treviño.
Así que inevitablemente surge la pregunta incómoda: ¿Andrea Chávez ya manda más que toda la estructura morenista en Chihuahua o simplemente se les adelantó para quedarse con el reflector? Porque en política nadie mueve miles de personas, espectaculares, logística y operación territorial “nomás porque sí”. Mucho menos en una movilización nacional coordinada simultáneamente en las 32 entidades.
Y claro, en Chihuahua no podía realizarse en cualquier lugar. La concentración será en Ciudad Juárez, el único bastión real que Morena presume en el estado y territorio políticamente controlado por Cruz Pérez Cuéllar. Ahí sí se sienten cómodos. Ahí sí hay estructura. Ahí sí pueden intentar vender la narrativa de que el norte está con la 4T.
Pero el detalle es que del otro lado también comenzó a moverse el tablero.
Mientras Morena organiza su defensa patriótica de funcionarios bajo sospecha, el PAN nacional prepara una concentración en apoyo a la gobernadora María Eugenia Campos Galván. El escenario será el Centro de Convenciones de Chihuahua, donde buscarán mostrar músculo político y respaldo ciudadano a una mandataria que decidió hacer algo poco común en tiempos de políticos calculadores: confrontar abiertamente al poder federal.
Porque guste o no, Maru Campos convirtió su comparecencia ante la FGR en un acto político de resistencia norteña. No llegó cabizbaja ni en silencio. Llegó a denunciar persecución, a acusar el uso político de las instituciones y, sobre todo, a lanzar una frase que ya se convirtió en consigna:
“Vamos a dar la defensa hasta donde tope… y chin chin el que se raje cabrones.”
Una frase que en el centro del país probablemente sonó a insolencia. Pero en el norte cayó como gasolina sobre terreno seco. Porque Chihuahua tiene memoria larga cuando siente que desde la capital quieren doblarlo.
Y ahí está el verdadero fondo del asunto: ya no se trata únicamente de expedientes judiciales, citatorios o discursos mañaneros. Lo que empieza a asomarse es un choque político entre un gobierno federal que busca cerrar filas ante el escándalo de sus cuadros señalados y un bloque opositor que encontró en Chihuahua el punto ideal para construir una narrativa de resistencia.
Morena moviliza plazas para gritar “intervencionismo”. El PAN moviliza simpatizantes para denunciar “autoritarismo”. Unos marchan para proteger al régimen. Otros para confrontarlo.
Y mientras tanto, el país entero observando cómo la política mexicana terminó convertida en un espectáculo donde ya nadie distingue si estamos viendo un mitin, una defensa legal, una campaña adelantada… o una serie de Netflix sobre narcopolítica tropicalizada.